diciembre 4, 2020
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Andrea nació en una familia de clase media, estudio en colegio privado de monjas con mucho esfuerzo de sus padres y en un momento sintió vocación por el trabajo religioso.

Decidió unirse a la comunidad de su colegio a quienes les tenía confianza y aprecio.

Pero después de un par de años se dio cuenta de que tenía otras expectativas en su cabeza y la vida religiosa no se lo permitía.

Era algo normal, pues tenía 19 años y estaba explorando las posibilidades de su vida.

Empezó a estudiar en la universidad y conoció un joven, se enamoraron y después de unos meses hicieron serio su noviazgo.

Fueron novios tres años y Andrea quedó embarazada, Diego no le vio problema, le pidió que se organizaran como familia y así fue. Los dos trabajaban y estudiaban y para empezar se ubicaron en la casa de los papás de Andrea.

Era una casa grande, cómoda, había espacio hasta para el bebé que estaba por llegar y todo era más  fácil para ellos.

Trabajaron mucho, crearon su propia empresa y mucho de su trabajo lo podían hacer desde casa, les permitía pasar tiempo con el bebé y estudiar.

No era fácil, vivían apretados de plata, dormían poco, el romance se volvió escaso y se convirtieron en una familia tradicional.

Sin embargo ellos seguían luchando por sus sueños y no les importaba el sacrificio.

Después de graduarse de la universidad, su empresa estaba dando frutos y todo era más suave, por lo que decidieron irse de casa de los padres y conseguir su nuevo hogar.

Era algo absolutamente normal para todos, inclusive las familias se alegraban de verlos triunfar juntos.

Al poco tiempo de llegar a un nuevo apartamento Diego se desmayó un día, fue algo extraño y decidieron ir al médico lo más pronto posible.

Después de la cita médica, exámenes, pruebas, una cosa y otra, conclusión el joven esposo sufría de un cáncer en una etapa avanzada.

Andrea no pudo acompañarlo a ninguna cita médica porque estaba en las pruebas de un trabajo que les aseguraría un mejor futuro.

Diego inicialmente trabajó de a pocos en su empresa, pues no se sentía muy bien. Mientras Andrea empezaba en el nuevo trabajo y una sorpresa más. Estaba embarazada de su segundo hijo.

Pasó el embarazo entre cuidar a su esposo, trabajar, atender a su hijo de dos años y tratar de llevar su embarazo.

Una vez nació el pequeño Diego empezó a empeorar y cayó en cama, no se podía levantar en todo el día, su hermano era quien siempre lo llevaba a las citas médicas a cobrar la incapacidad y a lo que necesitara.

Andrea trataba de pasar todo el tiempo que podía con Diego, pero él le pedía que se dedicara a sus hijos, ellos la necesitaban más.

Un día ella lo vio un poco mejor, se acercaba su cumpleaños, quizá el último que cumpliría, 27 años, ella tenía 26.

Diego fue a una cita médica con su hermano y Andrea pidió permiso para preparar una pequeña fiesta de cumpleaños, ella sus papás y hermanos, los niños y dos amigos, nadie más por las condiciones de salud.

Ella estaba en la casa con  todas las compras, los niños con su mamá, llegarían más tarde y sintió que la puerta se abrió, todavía no era hora de que llegara su esposo, pero algo podría haber pasado.

Por instinto por la sorpresa ella se escondió en el baño de su habitación, esas cosas que uno no se explica porque pasaron.

Diego entró al apartamento con su hermano y un amigo y unas cervezas, se sentaron en la sala a contarle al amigo el engaño con el que Diego lograba no hacer nada en la vida.

Andrea sintió que su vida se destruía al escuchar como habían jugado con sus sentimientos, le parecía imposible que el hombre con el que estaba construyendo una familia la hubiera engañado con algo tan importante como la salud.

Ahora muchas cosas tenían sentido, entonces a que se dedicaba todo el día su esposo, se preguntaba, por qué había hecho eso tan malvado.

Andrea acudió a sus suegros quienes no le creyeron la historia, lo peor que le sucedió es que sus padres tampoco le creyeron.

No le hablaba a su esposo, no sabía qué hacer, consiguió otro sitio donde vivir y se fue con sus hijos, sin el apoyo de papás, suegros, de nadie.

El proceso de divorcio ha sido difícil, hoy en día tienen 35 años y aún tiene que ir a Fiscalías a demostrar que no es cierto que maltrata sus hijos y que no los tiene aguantando hambre, tal como Diego dijo en su denuncia por la custodia.

Actualmente no ha logrado hacer una vida normal porque este hombre loco que la vida le puso en el camino no la ha dejado en paz, claro jamás se murió del cáncer que no tenía.

¿Qué harías en el caso de Andrea, como te quitarías esta pesadilla de encima?

Final historia de Raquel: Ella decidió quedarse en esta pequeña ciudad con el objetivo de ayudar  los niños que no tenían donde estudiar. Quisiéramos decir que encontró el amor, pero no fue así, nunca más tuvo una relación. En cuanto tuvo unos problemas de salud y no se podía cuidar sola viajo a su casa a vivir con su hermano, su cuñada y sus sobrinos.

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