noviembre 25, 2020

Asesinada para robarle sus hijos

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Samanta Kelly de 39 años vivía en Bendigo, Australia en una lugar que le alquiló Christine Lyons quien vivía con su novio Peter Arthur y su exesposo Ronald Lyons.

Los tres invitaron a Samanta a tomar unas copas y aunque ella asistió se sentía extraña, mareada y con una sensación de angustia, claro que no era algo extraño, llevaba varios días sintiéndose parecido.

Samanta había llegado hasta allí con sus cuatro hijos huyendo de un esposo abusador que la golpeaba y maltrataba. Christine tenía algunos problemas de aprendizaje pero le ayudaba con el cuidado de los niños y se habían vuelto muy cercanas.

Lo que Samanta no sabía es que Christine no podía tener hijos y llevaba mucho tiempo pidiendo a extraños que le dejaran quedarse con sus hijos de alguien.

Esa noche le dieron una mezcla de medicamentos con el trago, pero no fue suficiente para lo que querían lograr con ella, fue allí cuando Samanta empezó a sospechar, sin embargo por el momento no tenía nadie más con quien dejar sus hijos.

Una noche a causa del afán de Christine por quedarse con los niños, convenció a Peter de terminar con la situación y él golpeó con un martillo a Samanta en siete oportunidades en la cabeza.

Lugar donde fue hallado el cuerpo de Samanta

Así fue como el trío asesinó a la madre, enseguida la enterraron cerca de un riachuelo y a todos les dijeron que Samanta se había fugado con un hombre y abandonado a sus hijos, que además había empezado a consumir drogas y se había vuelto violenta.

Sin embargo la policía no creyó en esa desaparición tan extraña, no era el perfil de Samanta y decidió investigar.

A causa de la presión de las autoridades Peter se quebró y confesó haberla asesinado, pero encubrió a sus cómplices, después de ser acusado y enfrentar un juicio confesó que Christine y Ronald la habían enterrado.

En ese momento Christine ya había cambiado los nombres de dos de los niños y planeaba fugarse con ellos, pero la policía llevó los niños con un hermano de Samanta.

A pesar de las negativas de los cómplices las autoridades reunieron pruebas de conversaciones y llamadas en las que evidenciaba como planeaban el crimen.

Finalmente en marzo de este año fueron condenados a cadena perpetua por el asesinato de Samanta, mientras sus hijos crecen la familia materna lejos de la tragedia que los separó de su madre.

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